La visión juega un papel fundamental en el desarrollo cognitivo, emocional y social de los pequeños: más del 80% del aprendizaje infantil se adquiere a través de los ojos. Por ello, una alteración visual no detectada a tiempo puede afectar su rendimiento escolar, su capacidad para relacionarse con los demás e incluso su seguridad en actividades cotidianas. La visión se desarrolla a gran velocidad en los primeros años de vida, y cualquier problema no detectado a tiempo puede dejar secuelas permanentes. Muchos padres creen que, si su hijo no se queja, “ve bien”, pero lo cierto es que los pequeños no siempre saben reconocer ni expresar que tienen dificultad visual.
La revisión oftalmológica es un cuidado esencial que muchas familias suelen postergar, pero que resulta clave para garantizar un desarrollo visual sano desde los primeros años de vida. Es una evaluación especializada que permite conocer el estado de los ojos y la calidad de la visión en la infancia. La primera valoración oftalmológica en pediatría trata de un examen preventivo y diagnóstico que busca detectar problemas visuales a tiempo, incluso antes de que el niño manifieste síntomas evidentes. El pediatra evalúa el crecimiento, desarrollo y salud global del niño. Aunque en algunos casos puede identificar signos de alteraciones visuales, no cuenta con las herramientas ni con la formación especializada para profundizar en la salud ocular.
Los momentos clave para programar una consulta oftalmológica pediátrica son: Recién nacidos: para descartar malformaciones congénitas, cataratas infantiles u otras alteraciones oculares desde el inicio. Prematuros (nacidos antes de las 34 semanas), o bebés con movimientos erráticos Primer Año (6-12 meses): Examen completo de alineación, movimientos oculares y salud general. Es fundamental realizar controles a los 18 meses a 3 años (etapa crítica en la que el cerebro y la visión se desarrollan de manera acelerada) detectar un problema en este momento aumenta las probabilidades de corrección. Antes de iniciar la etapa escolar para prevenir la ambliopía u "ojo vago" , el estrabismo ya que el aprendizaje depende en gran parte de una visión nítida. Un niño con dificultad visual puede presentar bajo rendimiento escolar, desinterés por leer o problemas de atención y hasta afectar la seguridad al jugar. Cada 1 a 2 años durante la infancia y adolescencia: para vigilar la aparición de defectos refractivos como la miopía, que suele avanzar rápidamente en la edad escolar.
Se debe acudir inmediatamente al oftalmólogo en caso de: ojos desalineados (estrabismo) tras los 6 meses. Pupila blanca (reflejo pupilar blanquecino). Lagrimeo constante, enrojecimiento ocular o párpado caído. Se acerca demasiado a los objetos o se frota mucho los ojos. Se acerca demasiado a los libros, cuadernos o pantallas. Entrecierra o desvía los ojos con frecuencia. Dolor de cabeza. Tropieza o se desorienta al caminar. Tiene antecedentes familiares de problemas visuales.
La consulta incluye la dilatación pupilar para explorar el fondo de ojo y medir la graduación exacta, permitiendo detectar miopía, hipermetropía o astigmatismo. Durante una revisión oftalmológica infantil se realizan pruebas adaptadas a cada edad, como la evaluación de la agudeza visual, el alineamiento ocular, la respuesta a estímulos luminosos y el estado de estructuras internas del ojo. Estas pruebas son indoloras, rápidas y seguras, y ofrecen información valiosa para asegurar que la visión del niño se desarrolle correctamente.
Si los problemas visuales no se corrigen en la infancia, el tratamiento será mucho más complicado en la edad adulta, e incluso en algunos casos, irreversible. Cada revisión oftalmológica infantil es clave para prevenir daños que podrían acompañar a tu hijo toda la vida. No espere a que se acerque demasiado a la pantalla, se queje de dolor de cabeza o esfuerce los ojos al leer, esos son ya signos tardíos.
La detección temprana, en manos de un oftalmólogo pediátrico, puede marcar la diferencia entre una visión saludable y un problema visual permanente. La recomendación de los especialistas es clara: todo niño debe pasar por una evaluación oftalmológica, incluso si no presenta síntomas evidentes. Esto se debe a que muchos problemas visuales se desarrollan en silencio y solo se detectan con un examen especializado.
Artículo escrito por:
Dra. Ines del Rosario Ortiz Alemán. SVPP Filial Trujillo.
